Con el estomago lleno y la pertinente autorización que recogimos en Zahara, continuamos por la carretera que lleva a Grazalema (aunque alguno se desviara para ver el embalse de cerca) hasta las inmediaciones del Puerto de los Acebuches, inicio de nuestra ruta.

Al poco de comenzar encontramos los restos de una antigua calera, la cual visitamos para explicarle a los más jóvenes como se hacía la cal.

En este primer tramo, la ruta discurre por una pista forestal, que para nada es monótona, pues las vistas son impresionantes y un precioso manto de musgo cubre rocas y arboles, algunos de estos incluso tienen su propio jardín incorporado.

Y muchos, con formas caprichosas.

A unos 4 km. aproximadamente, nos desviamos por un pequeño pero encantador sendero, donde el recientemente acabado otoño, había dejado huella.

Por este sendero llegamos al primer llano y aunque durante todo el camino hemos disfrutado con las vistas de la Sierra del Pinar, en este lugar se vuelve espectacular, pues se aprecia perfectamente el anfiteatro natural que forma esta sierra, donde destaca el Torreón como el pico más alto de la provincia de Cádiz y por supuesto el Pinsapo.

Aunque por el camino ya hemos visto algún que otro Pinsapo mezclado con el resto de vegetación, es en este llano donde los empezamos a ver de cerca, a tocarlos y a fotografiarlos.

En este majestuoso marco, hacemos una parada técnica para reponer fuerzas con nuestro particular “Red Bull”.

Y con una degustación de morcilla, pues había dos tipos diferentes y no estaba claro cual era la mejor.

Tras está parada cruzamos un pequeño arroyo, apoyándonos en grandes piedras estratégicamente colocadas, lo que le daba un toque bastante peculiar.

Y después de este arroyo llegamos al Llano del Rabel, un precioso llano verde, salpicado de grandes alcornoques y con las ruinas de una casa, donde cuenta la leyenda que en tiempos donde está tierra era terreno fronterizo, vivía una familia cristiana con una bella hija.
Según esa leyenda, muy cerca de aquí también vivía otra familia árabe, con un hijo de la misma edad que la muchacha cristiana, el cual se enamoro de esta, viniendo todas las noches hasta aquí para tocar el Rabel, un instrumento de cuerda mediaval y que desde entonces da nombre a este lugar.

Uno de estos alcornoques invitaba a que algunos jóvenes y alguno no tan joven, se hicieran una foto en su singular tronco.

A continuación de aquí nuestra ruta se complica, pues nos adentramos en la parte baja del Pinsapar, una pequeña incursión de 2 km, pero muy intensa, pues el pinsapo se mezcla de forma magistral con quejigos y encinas, formando un precioso bosque.

En esta parte, además de arboles con su propio jardín como vimos al principio, alguno tenía hasta piscina incorporada, como el de la siguiente foto, que acumulaba agua en el interior de su tronco.

Después de una fuerte subida que nos hizo sudar, vino una fuerte bajada que nos hizo extremar las precauciones, pues el terreno estaba bastante resbaladizo debido a la humedad existente.

Esta pequeña incursión en el Pinsapar es circular y vuelve a salir al Llano del Rabel, donde aprovechamos las ruinas de la casa de la familia cristiana para colocar la cámara y hacernos una bonita foto de grupo con el Torreón y un buen ejemplar de Pinsapo detrás.

La vuelta la hacemos por la misma pista forestal de antes y aprovechamos una zona de rocas muy bonita, pues el musgo lo cubría todo, para degustar los ricos bocadillos que llevábamos.

Ya de vuelta en los coches, nos paramos en el bonito pueblo de Zahara, para pasear por sus calles y tomar el pertinente cafelito acompañado de pasteles de la zona, casi “na”.

Yo no sé mucho de dietas, pero creo que no andamos tanto como para quemar las calorías de tostadas, morcillas y pasteles, pero es que estaba todo muy rico, al menos lo intentamos.
El resto de fotos, podéis verlas en el apartado de imágenes de senderismo de la web de nuestra Peña, espero que os gusten.