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El Septenario de la Orden Servita de Carmona cambia de hora .
 
Los cultos solemnes que los Siervos de María vienen desarrollando desde la semana pasada en la Real Iglesia del Salvador de Carmona, retrasan su horario de inicio por motivo del cambio de hora, iniciándose con el rezo de la corona dolorosa a las 20 hrs. El septenario está siendo predicado por Fray Andrés Mª Boluda religioso servita del Convento de Plasencia.
Estos cultos están siendo dedicados a la oración por la vida, realizándose preces por dignidad humana y concluyéndose con la oración pro vida que compusiera Juan Pablo II.
Informaciòn: http://www.carmona.org/servitas/todo.html
Los orígenes, entre la historia y la leyenda
"Teniendo su propia imperfección, pensaron rectamente ponerse a sí mismos y a sus propios corazones, con toda devoción, a los pies de la Reina del cielo, la Virgen María, a fin de que, como Mediadora y Abogada les reconciliara y les recomendara a su Hijo, y supliendo con su purísima caridad sus propias imperfecciones, impetrase misericordiosamente para ellos la fecundidad de los méritos. Por eso, para honor de Dios, poniéndose al servicio de la Virgen Madre, quisieron desde entonces ser llamados Siervos de María",de esta manera nos relata la primera crónica la fundación de la Orden – escrita hacia el 1310- .
Un siglo antes, existía en la ciudad de Florencia una hermandad , conocida como Sociedad de Santa María, integrada principalmente por los miembros de las más destacadas familias de mercaderes y patricios, a cuyos miembros se les conocía vulgarmente como laudesi o alabadores de la Santísima Virgen.A esta corporación parece haber pertenecido el grupo de siete jóvenes florentinos que hacia el año 1230 dieron inicio a la Orden de los Siervos de la Bienaventurada Virgen María. Las crónicas nos han conservado su nombres : Bonfilio Monaldi, Bonayunto Manetti, Manetto de l´Antella, Amidio Amidei, Ugoccio Ugoccioni, Sostenio de Sostegni y Alejo Falconieri. Tengamos, sin embargo, en cuenta que algunos de ellos cambiaron su nombre al hacer la profesión religiosa. Los siete formaban parte de lo que hoy llamaríamos la junta rectora, es decir, el elemento más vivo y entusiasta de la cofradía. No sabemos la fecha de su nacimiento, pero ciertamente eran todavía jóvenes cuando, en 1233, comenzaron su movimiento de índole espiritual que fructificaría en la erección de la Orden.
El día 15 de agosto de 1233 , consagrado a la Asunción de la Santísima Virgen, siete jóvenes gentiles hombres florentinos sintieron aquel día una común inspiración de hacer vida contemplativa. Pidieron para eso la bendición de su obispo, que se la otorgó contento; se despidieron de sus familias, y el 8 de septiembre del mismo año 1233 se recogieron en una casita, Villa Camarzia, en un suburbio de Florencia, no lejos del convento de los franciscanos, y en las inmediaciones de la antigua iglesia de Santa Cruz. Sin embargo, la casita, que ni siquiera era propiedad de ellos, sino de otro miembro de la cofradía, resultó pronto excesivamente céntrica para sus deseos de oscuridad, olvido y renunciamiento. Pasaron a otra casa que la cofradía tenía en el Cafaggio, algo más retirada de la ciudad .
Hacia 1241, durante el período de lucha entre el emperador Federico y la sede apostólica, estos devotos de la Virgen conocidos ya como compañía laica de los Siervos de Santa María (el nombre, tal vez, fuera sugerido por san Pedro de Verona, entonces en Florencia), vestian el hábito propio de los penitentes, es decir, un hábito "paño pardo". Pero temiendo una vuelta forzada a sus casas por imposición de los jefes gibelinos, aceptaron el consejo de Ardingo, obispo de Florencia, de edificar con "materiales pobres" un oratorio dedicado a Santa María en a monte Senario, alejado unas dos leguas de Florencia y adonde muchos acudían en busca de luz y consuelo. Su compromiso de pobreza era radical., así fray Bonfiglio, prior mayor de la iglesia de Santa María de Monte Senario, y otros diecinueve religiosos prometieron no entrar jamás en posesión de bien alguno. Unos pocos fueron también ordenados sacerdotes. Posteriormente, manteniendo el nombre de Siervos de Santa María, decidieron iniciar una orden inspirada en el género de vida instituido por los apóstoles, adoptando la regla de san Agustín y algunos estatutos particulares. En los antiguos documentos, que, además de las actas notariales (desde 1249 a 1256), comprenden la "Leyenda" sobre el origen de la orden servita, escrita en 1317 por el prior general Pedro de Todi, que había conocido personalmente a Alejo, uno de los siete (+ 1310), los siete son llamados con justicia "progenitores nuestros" y "nuestros padres", por haber dado inicio a la Orden de los Siervos de Santa María. Con el hábito que llevaban daban "clara señal de la humildad y de los dolores que la bienaventurada virgen María sufrió en la pasión de su hijo" (según el redactor de la Leyenda Su compromiso de pobreza fue radical y, manteniendo el nombre de Siervos de Santa María, se vistieron con hábito de "paño pardo", según la leyenda escrita por el Prior General, Pedro de Todi. Con este gesto daban "clara señal de humildad y de los dolores que la bienaventurada Virgen María. Según la crónica:
“Siete fueron los varones, dignos de reverencia y honor, que reunió nuestra Señora como siete estrellas, para dar comienzo, por la concordia de su cuerpo y de su espíritu, a la Orden de sus siervos.
Cuando yo entré en la Orden sólo vivía uno de aquéllos, que se llly: Arial"amaba hermano Alejo. Nuestra Señora tuvo a bien mantenerlo en vida hasta nuestros días para que nos contara los orígenes de la Orden. La vida de este hermano Alejo era, como pude ver con mis propios ojos, una vida tan edificante que no sólo movía con su ejemplo a todos los que con él vivían, sino que constituía la mejor garantía a favor de su espíritu, del de sus compañeros y de nuestra Orden.
Su estado de vida, antes de que vivieran en comunidad, constaba de cuatro puntos. El primero, referente a su condición ante la Iglesia. Unos habían hecho voto de virginidad o castidad perpetua, otros estaban casados y otros viudos. Referente a su actividad pública, eran comerciantes. Pero en cuanto encontraron la perla preciosa, es decir, nuestra Orden, no solamente dieron a los pobres todo lo que poseían, sino que se entregaron con gran alegría al servicio de Dios y de la Señora.
El tercer punto se refiere a su devoción a la Virgen. En Florencia existía una antiquísima congregación que, debido a su antigüedad, su santidad y número de miembros, se llamaba «Sociedad mayor de nuestra Señora». De esta sociedad procedían aquellos siete varones, tan amantes de nuestra Señora.
Por último, me referiré a su espíritu de perfección. Amaban a Dios sobre todas las cosas, a él dirigían, como pide el debido orden, todo cuanto hacían y le honraban con sus pensamientos, palabras y obras.
Una vez que tomaron la decisión de vivir en comunidad, y confirmado su propósito por inspiración divina, ya que nuestra Señora les impulsaba especialmente a este género de vida, fueron arreglando la situación de sus familias, dejándoles lo necesario y repartiendo lo demás entre los pobres. Después buscaron a varones prudentes, honestos y ejemplares y les participaron su propósito.
Subieron al monte Senario, edificaron en lo alto una casita y se fueron a vivir allí. Comenzaron a pensar que no sólo estaban allí para conseguir su santidad, sino que también debían admitir a otros miembros para acrecentar la nueva Orden que nuestra Señora había comenzado con ellos. Dispuestos a recibir a más hermanos, admitieron a algunos de ellos y así fundaron nuestra Orden. Nuestra Señora fue la principal artífice en la edificación de la Orden, fundada sobre la humildad de nuestros hermanos, construida sobre su caridad y conservada por su pobreza.
Fue el día, en el monte Senario, donde se inicia propiamente la vida religiosa. Hasta entonces sólo había habido una especie de tentativa.
En el monte Senario construyen una iglesia, edifican unos míseros eremitorios de madera, separados unos de otros, e inician observancia con todo rigor. Reciben la visita del cardenal de Chatillon, legado del papa Gregorio IX en la Toscana y la Lombardía, quien les anima a continuar su vida, si bien moderando sus excesivas austeridades.
Pero la mejor y más preciada confirmación la tuvieron el Viernes Santo de 1239: la Santísima Virgen se apareció para encargarles que llevaran un hábito negro, en memoria de la pasión de su Hijo, y para presentarles la regla de San Agustín. Después de esta aparición, ya no había lugar a dudas. Acudieron al obispo de Florencia para regularizar, por decirlo así, su situación canónica.
Y, en efecto, el obispo impuso a los siete el hábito que les había mostrado la Virgen, recibió sus votos y les dio las sagradas órdenes. Fue precisamente en esta ocasión cuando algunos de ellos cambiaron de nombre. Y fue también en esta ocasión cuando San Alejo Falconieri mostró sus deseos de no ser ordenado sacerdote, lo que consiguió, muriendo como hermano.
La obra estaba ya, en cierto modo, encauzada. Quienes sólo habían pensado en vivir con mayor entusiasmo los ideales de su piadosa confraternidad, encontraban ya ordenados sacerdotes, con unos votos emitidos y con una regla, la de San Agustín, recibida al par de la Santísima Virgen y de la autoridad eclesiástica.
De la tradición sobre el origen de la Orden de los Siervos de la Virgen María
(Monumenta Ordinis Servorum Beatae Mariae Virginis, 1,3.5.6.9.11:pp.71ss.)
En el año 1276 el papa Inocencio V comunicó a la Orden de los Servitas que la Iglesia la consideraba como extinguida, a causa del canon 223 del II Concilio de Lyon en el que se había acordado la no creación de nuevas reglas y comunidades religiosas. Desaparecidos ya de la tierra cuatro de los siete fundadores, otros dos de ellos estaban ausentes de Italia. El grupo estuvo a punto de desaparecer sino hubiera sido por la intervención y el esfuerzo de Felipe Benicio, entonces Prior General de la Orden.Fue él quien levantó la bandera mariana y alegó que la Orden había sido aprobada repetidas veces por los Romanos Pontífices. Sólo San Alejo llegó a ver la victoria. San Felipe Benicio, y los otros dos fundadores supervivientes murieron antes de que el 11 de febrero de 1304 el papa Benedicto XI la confirmara de nuevo. Todavía había de vivir seis años gozando de la admirable expansión que tras esta confirmación tuvo la Orden.
Tras la aprobación de los primeros estatutos por parte del obispo Ardingo (1245-1247), también los papas aprobaron la Orden (1255), que recibió la aprobación definitiva con la bula Dum levamus en 1304
(Texto íntegro en< http://www.servidimaria.org/es/bibliografia/doc_vari.html> Habían nacido como una orden de pobres contemplativos, transformándose después en orden mendicante-apostólica )
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