RAFAEL ALVAREZ "EL BRUJO", FUIMOS A VERLO A PAMPLONA. Imprimir
Domingo, 30 de Agosto de 2009 21:49
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Simplemente maravilloso, pude ver su obra en Pamplona "El Evangelio de San Juan" ... os dejo con una entrevista suya en el Diario de Noticias de Pamplona. Al final de la obra pudimos hablar de nuestro Festival El Perol y sobre todo recordaba Carmona con cariño.

 

11396108.jpgRafael álvarez, 'el brujo', actor
"Artísticamente sólo busco el ejercicio de mi profesión, pero es cierto que en el trabajo proyecto mis inquietudes"

Rafael Álvarez es un actor con mayúsculas, una persona que ha llevado su profesión a las más altas cotas y que, a pesar de los años pasados en las tablas, sigue hablando de ella con pasión desbordada. El Brujo no sólo interpreta obras, las vive, las estudia y las disfruta. Es consciente de la fuerza que tienen las cosas contadas de viva voz y ha hecho de ello una forma de vida colmada de coherencia y sustentada en valores inquebrantables.

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Con 'El evangelio de San Juan' El Brujo cierra una trilogía, completada con 'San Francisco, juglar de Dios' y 'Los misterios del Quijote', en la que parece evidente que busca algo más que la mera representación de unos textos teatrales.

En términos artísticos yo no busco nada más que el ejercicio de mi profesión, pero sí es cierto que en el trabajo proyecto mis inquietudes personales... De la misma manera que aquel que es comunista y no sale de Bertold Brecht, por decirlo de alguna manera. En mi caso, no es que esté especialmente volcado con el mundo de la espiritualidad y la mística, pero sí es algo que me interesa mucho, tanto desde el punto de vista literario y artístico como del personal.

¿Cómo se integra el humor y la ironía en una obra que está basada en en un evangelio?

Es muy sencillo. Para empezar, el propio texto del evangelio de San Juan tiene momentos en los que brilla la ironía y, a veces, hasta el humor rabínico. Los rabinos de la antigua tradición judía tenía una forma de enseñar en la que estaba muy presente el humor. Por ejemplo, hay un relato en este evangelio en el que Jesús se encuentra en el templo de Jerusalén a punto de ser apedreado por las masas. Entonces, él se dirige a la gente y les dice: "Antes de lanzar las piedras, pensad un momento. He hecho muchas cosas buenas, pero, ¿por cuál de ellas queréis apedrearme?". Se trata de un humor finísimo, exponente del modelo de los razonamientos indagatorios típicos de los rabinos. Por otra parte, en el espectáculo yo hago una introducción y un relato del Evangelio de San Juan sintético, porque si no duraría mucho, y, además, lo hago en clave de juglaría. Es como si alguien te contara los entresijos de una catedral, llevándote por los claustros y por escaleras extrañas y, entre explicación y explicación, te cuenta un chiste para que la charla y el recorrido sean más amenos. Ésta una forma de entender este trabajo que tiene en Darío Fo el exponente más poderoso, notorio, importante y brillante.

Por otra parte, ha comentado que con esta obra busca recuperar y defender la fuerza de la palabra hablada. ¿No es esta una empresa ciertamente quijotesca en un mundo dominado por los SMS, los mail y Facebook?

Precisamente por eso mismo, por contraste, hay que defender la presencia directa del artista y el mayor énfasis en el momento de la improvisación. La improvisación en estos textos es muy importante; y no lo es tanto atenerse de una forma literal al texto escrito como el que el contenido de ese texto llegue y cale... Y para eso es necesaria la improvisación que te lleva a decir o hacer algo que probablemente en la próxima función no se repita. Ese es el momento de lo hablado frente a lo escrito, el momento de la espontaneidad de un habla que se basa en la tradición oral, en los cuentacuentos y en lo inmediatamente directo. De hecho, antes de ser escritos, los Evangelios circularon durante 30 ó 40 años como tradiciones orales.

A pesar del título, ¿puede decirse que no se trata de una obra religiosa?

Se habla de Jesús porque es el protagonista, pero siempre dentro de los términos circunscritos al evangelio de San Juan. Ésta no es una obra sobre Jesús, sino sobre el Jesús de San Juan. Hablamos del cuarto evangelio, un texto que explica los acontecimientos de la vida de Jesús dándoles un significado oculto y denominándolos con el nombre de signos; de hecho, en un momento determinado se tituló El libro de los signos. Es un libro que narra la vida de un hombre que muestra signos a través de los cuales los otros hombres ven una figura humana o una figura divina o ambas; e incluso un blasfemo, un profeta, un rabino o un enviado de la divinidad. Pero no es una obra religiosa en el sentido de que diga qué es esto o lo otro. Yo simplemente presento la historia y cada cual elige la respuesta, digamos que lee el signo y lo interpreta de acuerdo a su discernimiento. Si no fuera así, estaríamos hablando de una obra de propaganda religiosa, y a mí no me interesa eso. A mí me interesa presentar un texto que es confesional de una religión pero que cuenta con unos valores literarios, poéticos y mistéricos. De hecho, el misterio trasciende lo confesional, va más allá de lo religioso.

¿Cómo definiría el papel protagonista que tiene la música en esta obra?

Hay que tener en cuenta que El Evangelio de San Juan es una obra desconocida. Yo he estado leyendo y estudiando durante cuatro años todo lo que he podido sobre este evangelio, un texto que no está conformado como un relato tal y como lo entendemos hoy en día; es decir, en El Evangelio de San Juan los acontecimientos están compuestos como en una jungla musical, son temas que guardan una afinidad casi sonora unos con otros. Podría decirse que, de alguna forma, es música; son ideas y conceptos que guardan entre sí una relación de proporcionalidad y afinidad al igual que las notas de una partitura que convergen hacia una explosión musical, como si fuera una fuga.