| Francisco Ruìz de la Cuesta, medico carmonense... |
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| Miércoles, 21 de Enero de 2009 14:08 |
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-Empezó a escribir a los 18 años de edad sobre lo que para usted es «el espejo de la luz», su tierra natal, ¿Cómo fueron esos inicios? -Yo pasaba todos los veranos y vacaciones en Carmona, donde he bebido de toda esa fuente histórica por los consejos y venturas de mi padre y la enseñanza de mi familia que siempre me han ido contando las leyendas de la ciudad. Durante ese tiempo, los aficionados empezamos a reunirnos, entre ellos, Manolo Losada Villasante, premio Príncipe de Asturias; José María Requena, Premio Nadal de Novela, y fue Manuel Rojas Macías quien nos impulsó a crear una revista «Estela», que el año próximo cumple 50 años y sigue ahora de manera anual con los redactores primitivos. -Le han distinguido con el título de «Carmonense del año» por su labor promocional de la ciudad ¿Cómo ha «vendido» Carmona? -Carmona se vende por sí sola, con más de 5000 años de historia y con méritos propios. Yo digo que estreno corazón en Carmona, cada cinco de enero con la cabalgata de reyes recorriendo esas calles medievales, visigodas, árabes y judías. Luego el Carnaval, la Semana Santa, la Feria que data de 1468, la Romería en honor a la Virgen de Gracia, que celebrará el bicentenario de su patronazgo este año, y otro orgullo que viene de la mano del fundador de la Universidad de Sevilla, Maese Rodrigo Fernández de Santaella y Córdoba que cumple 500 años en estos días y es carmonense. Ya como reto, está «Carmona Universitaria», con la creación de la privada San Isidoro de Sevilla. Por eso, he conseguido que esta candidatura sea apoyada por distintas sociedades y personalidades. -A pesar de que existe una larga lista de médicos escritores, muchos siguen insistiendo en que se da una «enemistad» entre medicina y literatura, ¿qué opinión le merece? -Hay muchos grandes en esa lista por tradición, como Gregorio Marañón, Pío Baroja, Ramón y Cajal, aunque simplemente es que los médicos necesitamos desahogar toda la experiencia amarga de lo que nos cuentan, de la vida y la muerte, que va casi connotado a nuestra profesión. Yo como escritor costumbrista, pero de fondo social, transmito la vida del hombre, sus problemas, ya que veo sufrir a la sociedad con todos los problemas existentes y eso te hace ser un poco rebelde y contamos lo que está pasando. Lo hacemos como desahogo del sufrimiento que vemos, que luchamos contra enfermedades algunas incurables, y yo al menos lo meto en la narrativa, en la poesía... con influencias de los articulistas Camilo José Cela, César González Ruano y mi querido Jayme Campmany. -¿Cree que tiene algo que ver que a las editoriales les resulta difícil imaginar a especialistas médicos como novelistas, ensayistas...? -Las editoriales van a los premios literarios y a lo que vende, pero a nosotros nos preocupan otras cosas, como conseguir que todos los hombres sean bien atendidos por la medicina social o comunitaria y que los médicos sean humanistas. Hay falta de tiempo para que el médico pueda hablar hasta el más mínimo detalle, y eso es el gran desafío que me gustaría que la medicina cambiara. Luego, yo noto amargura, preocupación y descontento por la situación actual desde la gente humilde que viene a la consulta hasta la clase media e intelectual porque habría que priorizar la educación en los jóvenes y la sanidad en este país. A mí me preocupa la incertidumbre política y la falta de claridad. -¿Con qué se quedaría? -Pues aparte de con esa ciudad multicultural que es Carmona, con una frase que escuché de un escritor de Valladolid, amigo mío, Leopoldo Cortejoso, que decía que «la medicina era su mujer y la literatura su amante». Y yo creo, que se llevan bien (risas). |