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(24/11/1991 - 24/11/2016)

ALFOMBRA ROJA PARA EL BRUJO EN EL PEROL PDF Imprimir E-mail
Viernes, 13 de Noviembre de 2009 01:09
Hace dos años escribí :
 LA PORTA DE MANOLO MARTINEZ
Mi fotoLa Peña “ El Perol” nos agasajó hace unos días, con un monólogo soberbio de Rafael Alvarez, EL BRUJO. Mantener la atención de las más de 300 personas que atiborrábamos el Cerezo durante hora y media, sin lugar al resuello, ni por parte del actor ni del público, es una magna tarea, sólo al alcance de los grandes de las tablas. Este juglar del siglo XXI, no precisa de un físico de galán para seducirnos. Utiliza, como comparte con nosotros al principio de su soliloquio, la palabra, y prescinde de la cáscara de la escenografía y otras artimañas que distraigan la atención. Sobre el tablado, una mesita, una silla, una vela, el rapsoda y la palabra como primer actor.
Las palabras, son perros fieles que siguen a su amo allá donde éste vaya. Su lealtad no hace distinciones entre las arengas empedradas de cinismo, y los discursos pavimentados de certezas. Las palabras son canes que ladran cuando sus dueños las azuzan. Pueden morder y contagiar la rabia, o pueden guiarte como los chuchos lazarillos. A veces son pacientes y sumisas, como geishas, prestas a satisfacer las demandas de su amo, o pueden ser vehementes e inquietas, y entonces se descuelgan por una ristra de neuronas atadas entre sí, como las sábanas anudadas por las que se fugan los presidiarios, desde el guión hasta la boca del Brujo, donde alcanzan la libertad. Ahí escapan, huyendo a borbotones, sin censura de ningún tipo, y nos somete durante la función a continuas descargas de risa. Desde los cantares al ojo del culo de Quevedo, y cuando digo, de Quevedo, me refiero a los versos, hasta la impagable confusión entre la rápida arenga del cura y Conchita Montes, pasando por la gira a que sometió Franco al brazo de Santa Teresa, o los amores de su padre con el zumo de uva y su chula cojera, el brujo nos embelesó y nos regaló 40 o 50 sesiones gratis de su psicoterapeuta argentino-catalán y sus terapias cognitivas y conductistas.
Junto a la lucidez de los “...ya no sé por donde me ando” que ponía comas a sus relatos, su maestría con las palabras parecen pedir permiso al carcelero censor para salir de la cabeza. Este las va sentando, por orden de llegada, en la sala de reflexión, desde donde el Brujo las llama a escena. Allí, entre empujones y codazos, se van acomodando. Como nosotros, las hay que encuentran su sitio nada más caer. Otras, las más inseguras, se deslizan por la frase mil veces. Se sitúan al principio, tras unos puntos suspensivos, se esconden entre dos comas, o se frenan delante de un punto y aparte.
Estoy seguro de que esta noche, Rafael Álvarez , volverá a derrochar su talento.
 

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